Allí estaba yo, cruzando por primera vez el umbral de seguridad de aquel hombre tan poderoso. Después de ser observado a través del espejo blindado, y requisado por un par de elementos de su ejercito privado, debí sortear el escrutinio final: el mismo Fares, al hecharme una fría mirada, decidió que mi apariencia le inspiraba suficiente confianza y que mis rasgos correspondían a los de el hijo de un palestino nacido en Guatemala; eso era lo que le había hecho creer mi jefe -verdadero palestino, arquitecto connotado y eminente líder de la comunidad árabe-guatemalteca- quien haciéndome un favor, consiguió para mi una cita con aquel libanés que tenía por regla inquebrantable no atender personalmente a nadie que no fuera de sangre u origen árabe.
Con su voz golpeada de español mal hablado, modales ásperos y ojos negrísimos que penetraban como un sable, Fares parecía el epítome ismaelita del Vito Corleone ciciliano. No obstante, como todos los árabes que conozco, era un hombre gentil y sumamente generoso. He de confesar que me sentí terriblemente mal al darme cuenta de que había interrumpido su almuerzo, y me sentí mucho más incómodo cuando me invitó a tomar un buen pedazo de su pan árabe relleno de ese delicioso kepe de carne cruda molida, sazonada con especies, mucha cebolla, aceite de oliva, jugo de limón y yerba buena –una oferta que por ningún motivo podía rechazar-.
Fares no se inmuto en lo mínimo cuando le dije la cantidad que necesitaba para salir del apuro; su hombre de confianza abrió la caja fuerte y extrajo apenas uno de los cientos de fajos de dólares que la abarrotaban. Cruzar un par de palabras, darnos un apretón de manos y compartir unos sorbos de café árabe con esencia de cardamomo, fue más que suficiente para formalizar la transacción, y el cumplimiento fiel de mi palabra -además de ser el “ábrete sésamo” de aquella singular cueva de Alí Baba-, fue el ingrediente que me permitió sostener, por muchos años, una invaluable amistad con esa persona que, a pesar de su terrible fama, jamás considero su ayuda como “favores pendientes de cobro”
8 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Debes de tener una cara de buena persona que inspiras confianza, ibas acompañado por un lider de la comunidad árabe y eso era suficiente. Te supiste rodear de la persona adecuada en el momento justo.
Eres inteligente Mapache qué bien escribes no sé si el relato es real pero lo tienes escrito con una pasión que ya me estoy imaginando al fares y estoy degustando su riquísima comida.
Besitos de VICTORIA DE ALMA, CORAZÓN Y VIDA.
ANDO UN POCO LIADA , HABER SI ESCRIBO ESTA SEMANA ALGÚN POST QUE OS GUSTE.
DA.
La verdad es que no llegué acompañado.... sólo iba recomendado, pero igual, si no le hubiera parecido confiable y árabe, Fares no me hubiera recibido.... Sí, la historia es íntegramente auténtica, sucedió al final de los 80,
Un gusto verte por acá nuevamente.....Muchos besos verdes
Wowwww!! yo iba a preguntarte lo mismo si esa historia era real, es increíble como a algunas personas les puedes parecer alguien cabal y pueden sentirse atraídas a hacerte favores.
Me quedé con el hocico abierto que historia por dios!
Hola Gustavo,
Vaya Vaya, Mapache sin igual, que aventuras más emocionantes, y hasta con cierto exotismo. hmmm la verde Guatemala esconde grandes misterios. Me ha encantado tu relato,perfectamente estrucuturado, que mantiente al lector en vilo hasta el final. Des de luego, eso no se olvida.
Gracias por contarlo, y oye, como en mi post he hablado de cavas y vinos, estoy de brindis. Besos, Mapache y un brindis, con vino de tu tierra, que supongo de debéis tener variedades interesantes.
Esta historia la he narrado (al igual que "6 o 7 minutos de gloria") motivado por tus post..... el de la familia Corleone y el de la señora que vendía pollo en el mercado.
Trabaje por muchos años haciendo construcción residencial, comercial e industrial para los palestinos residentes en Guatemala, (que no son, para nada, como los terroristas que nos pinta Hollywood)
Un abrazo para ti, mi querida Filistea, y un beso desde el Valle de la Ermita.
No Martita, aquí de vinos estamos fregados, por alguna razón no se logra cosechar buenas uvas en esta tierra. Todos los vinos que tomamos (los que se hacen como Dios manda) son importados de Chile, Argentina, California, Francia, Alemania, Italia, Portugal (oportos) y España.
Santé..... Ya iré a darme una deleitada a tu blog, en un rato...GRACIAS.
Vaya, Mapache, te codeas con la élite, ¿eh? Me encantas las cosas que tienes que contar... además de por que son hechos muy interesants, por lo bien que las cuentas...
Seguro que tienes cara de buena gente y le inspiraste confianza al árabe ricachón enseguida.
Saludos. Y gracias por pasarte por mi palacio.
(Me apunto lo de la radio: ya estoy buscando textos en tu blog...)
Gracias Rubentxo. La verdad es que soy un tanto mal encarado.... pero las ojeras me ayudaron en su tiempo a parecer descendiente de árabe.
Mi blog es todo tuyo..... toma lo que te sea útil.
