Los compadezco porque aún tienen que pasarse este y muchos días atendiendo las tediosas disertaciones de sus maestros; los compadezco porque a sus 16 o 17 benditos años, aún tienen que sujetarse a sus mayores, y porque, además de no cargar más que unas pocas monedas en los bolsillos, les queda mucho trabajo y desvelo para llegar a tener sus vidas resueltas, y los compadezco, especialmente, por los sufrimientos que aún les quedan por vivir. Sin embargo, cuando veo sus rostros pletóricos de vida y sus ojos llenos de luz, y escucho sus carcajadas saturando el ambiente de alegría, me doy cuenta de que, en realidad, no los compadezco tanto.
2 comentarios
lo dijo Guillermo 11 Junio 2007 08:02 AM
Quizás la juventud puede permitirse el lujo de avanzar en la evolución mejorando lo que somos, pero no nos damos cuenta de sus avisos ni de sus necesidades, simplemente damos por supuesto que la vida debe ser vivida como nosotros los adultos la instauramos para ellos. Una nueva generación casi siempre tiene la fuerza de la savia nueva, por eso nos resulta tan abrumador contemplar sus sonrisas enérgicas.Nosotros estamos aprendiendo a dosificar la fuerza para no malgastarla, no podemos permitirnos esos lujos. Desde luego nadie nos puede decir que no tuvimos la misma oportunidad de ellos, yo a veces me reprocho no haber sido más imprudente en mi juventud, menos cauteloso, menos sensato. Saludos Gustavo.
lo dijo Gustavo 11 Junio 2007 03:48 PM
Guillermo: Si hubieras sido menos prudente en tu juventud, posiblemente no serías abogado y quizá no tuvieras la familia que tienes –y quién sabe, a lo mejor serías pintor, como era tu deseo- De esa manera reflexiono cuando me hago el mismo reproche, y aunque debo confesar que fui bastante imprudente en mi adolescencia, no siempre dirigí esa imprudencia en el sentido correcto- Sin embargo, cuando se pasa de los 40, dan ganas de aflojar un poco las amarras y hacer las cosas que no se hicieron en los años mozos.
