He salido al jardín para ver oscurecer. En el árbol los pájaros despiden el día con su habitual jolgorio. La luz del farol ilumina mi rincón preferido y desde la banquita de hierro puedo ver a través del ventanal de la sala. La escena que hoy observo, dejó de ser habitual hace tanto tiempo.
Al morir su abuelo mis hijos decidieron vivir con mi madre. Se fueron de uno en uno, dijeron que estarían con ella mientras mitigaba un poquito su pena. Aunque, muy dentro de mi corazón, yo sé que lo hicieron para huir de la poca atención paterna. La verdad es que en el proceso de alcanzar su independencia, Gustavo Adolfo, José Rodrigo y Luís Pedro dieron un enorme paso; pero al hogar, jamás volvieron. Sus dormitorios quedaron intactos, con las camas hechas y todas sus cosas en orden, siempre esperando esos raros momentos en que este silencio sepulcral se ahoga con su ruidosa presencia. Los veo sentados junto a Patricia cuya felicidad no podría ser más evidente. Es que los hijos se nos fueron antes de tiempo y su ausencia nos parte el alma. Nos dejaron solos prematuramente.
El menor ha tomado la guitarra y sus hermanos le acompañan mientras canta alterando la letra de las canciones, haciéndonos reír a carcajadas. El rostro de mi amada ilumina de nuevo nuestra casa y su risa hace que se olvide por un momento nuestra soledad.
¿Cómo evitar recordarlos muy pequeños, corriendo por todas partes con sus “pijamas con piecitos” crispándome los nervios con esa algarabía que ahora extraño tanto? Ellos ya no estarán mañana; se habrán ido de nuevo dejándonos nada más que el desorden, pero el recuerdo de esa escena es algo que jamás podré olvidar. La casa quedará otra vez en silencio esperando sus voces, sus cantos, sus risas. ¿Y nosotros? Patricia y yo seguiremos recordando, anhelando, soñando con la dicha de tener un hogar nuevamente.
2 comentarios
lo dijo Tozo 17 Julio 2007
Mapache: como he comentado anteriormente. Los hijos no son nuestros, son de la vida. Nosotros solo fuimos instrumentos para traer otras almas que trataran de alcanzar sus propios triunfos.
El parrafo es bello en describir la nostalgia, ya ademas puedo leer alegria.
lo dijo Gustavo a Tozó 17 Julio 2007
El texto, creo, habla sobre el sentimiento que todos los padres tenemos cuando vemos a nuestros hijos emprender, como águilas, su propio vuelo. Nuestros hijos son ahora adultos, con sus propios planes de vida, con sus propios triunfos y fracasos, los cuales, se quiera o no, siempre serán también los nuestros. Gracias Tozó, me alegra mucho su visita a esta casa.
